La presencia islámica en época de la dinastía Yuan (元朝)

Julio López Saco

La dinastía Yuan (Yuán cháo, 元朝, 1271-1368), fundada por Kublai Khan, el nieto del célebre Genghis Khan (Chéngjísī Hán, 成吉思汗), representa un punto de inflexión fundamental en la historia del islam en China. Bajo el dominio mongol, la presencia musulmana en China se expandió de manera exponencial, tanto en términos de población como de influencia política, económica y cultural. Este cambio fue el resultado directo y deliberado de las políticas mongolas hacia los musulmanes, que eran contemplados como valiosos aliados en la administración de un imperio que abarcaba gran parte de Eurasia. Esta dinastía, por lo tanto, favorece a los musulmanes, otorgándoles un estatus privilegiado.

Las migraciones desde Asia Central bajo el control de la dinastía Yuan fueron masivas y sistemáticas. Los mongoles, en el curso de sus conquistas, se habían encontrado con nutridas poblaciones musulmanas en Asia Central, Persia y el Medio Oriente. Reconociendo las habilidades administrativas, técnicas y comerciales de estas gentes, los mongoles los reclutaron masivamente con la finalidad de servir en sus ejércitos y en su administración. De este modo, cuando los mongoles conquistaron China y establecieron la dinastía imperial Yuan, trajeron consigo miles de musulmanes desde Persia y Asia Central, así como de otras regiones del mundo islámico.

Estos migrantes musulmanes serán conocidos en las fuentes chinas como Sèmù (色目), un término que se refería a personas de colores de ojos diferentes; es decir, no étnicamente Han (Hànzú, 汉族). El vocablo refiere una categoría social y étnica de personas de distintas categorías o poblaciones variadas, sobre todo de Asia Centro-occidental. Los Sèmù constituían una categoría social distinta en el sistema de clases mongol, inferior a la de los mongoles, pero por encima de los chinos septentrionales y especialmente de los chinos del sur. Estos Sèmù no incluían exclusivamente musulmanes, sino también nestorianos, budistas y otros grupos no budistas ni chinos, si bien los musulmanes constituían el grupo más numeroso y de mayor relevancia dentro de esta categoría.

La composición étnica de los migrantes musulmanes era diversa, en tanto que incluía árabes, persas, turcos de diversas lenguas, como los uigures (Wéiwú’ěr zú, 維吾爾族), los karakhanidos y otros grupos túrquicos, y población de Asia Central de lenguas iranias orientales como los tayikos. Esta diversidad es destacable porque prefigura la diversidad de los grupos musulmanes en la China posterior. Algunos de estos migrantes se establecieron en las ciudades del norte de China, mientras que otros se asentaron en las regiones del noroeste, donde se formaron comunidades que mantenían vínculos más fuertes con Asia Central.

Las migraciones musulmanas en este período histórico no fueron aleatorias, sino que fueron organizadas y dirigidas por el Estado mongol. Los mongoles reclutaron musulmanes para servir en sus ejércitos, en la administración y como personal con capacidades técnicas especializadas. Muchos de ellos fueron reubicados deliberadamente en regiones específicas de China para cubrir necesidades particulares. Así, los militares musulmanes fueron estacionados en guarniciones a lo largo del territorio chino, y los administradores musulmanes fueron asignados a oficinas gubernamentales en la capital y en las provincias.

La escala de las migraciones no tuvo precedentes, siendo una expansión masiva de población musulmana que transformó de manera crucial la naturaleza del islam en el Reino del Centro. De ser una religión de mercaderes extranjeros residentes en puertos y ciudades clave, el islam se convirtió en una religión practicada por una población numerosa y diversa que estaba distribuida por todo el país. Las gentes migrantes musulmanas no fueron simples sujetos pasivos del reclutamiento mongol; muchos fueron voluntarios que vieron oportunidades en el seno del imperio mongol. El imperio ofrecía opciones de movilidad social y económica que no estaban disponibles en sus lugares de origen, de ahí que los musulmanes con habilidades administrativas, técnicas o comerciales podían encontrar posiciones favorables en el sistema mongol. Esta movilidad social fue, por tanto, un factor sustancial que atrajo a musulmanes a migrar hasta China.

La presencia musulmana fue, asimismo, facilitada por la relativa apertura del imperio mongol hacia las religiones. Estos poseían una política de tolerancia religiosa que permitía a budistas, daoístas, cristianos, musulmanes y otros grupos religiosos practicar su fe con libertad. Tal política de tolerancia, que formaba parte de la estrategia mongola de gobernar un imperio diverso, creó un ambiente favorable para la práctica del islam en China; en ese sentido, los musulmanes podían construir mezquitas, practicar sus rituales y mantener sus instituciones religiosas sin una significativa interferencia estatal. Bajo la dinastía Yuan, por consiguiente, los musulmanes alcanzaron un nivel de influencia política, militar y económica sin precedentes en la historia de la presencia del islam en China.

En el ámbito político, los musulmanes ocuparon posiciones de relevancia en la administración Yuan. El sistema administrativo mongol dependía significativamente de administradores musulmanes para gestionar las finanzas, el comercio y otros aspectos del gobierno imperial. Varias personalidades musulmanas lograron alcanzar posiciones de alto nivel en el gobierno Yuan, incluyendo puestos como ministros, gobernadores provinciales u oficiales de la corte. Un ejemplo notable es el de Shams al-Din Omar, un ministro musulmán que sirvió bajo Kublai Khan y fue responsable de la administración financiera de la dinastía. Su papel fue crucial en la estabilización económica del imperio después de la conquista mongol.

Los musulmanes también desempeñaron un papel eminente en la diplomacia Yuan. Gracias a su conocimiento de las lenguas y culturas de Asia Central e incluso de Occidente, los musulmanes eran valiosos como intermediarios diplomáticos entre el imperio Yuan y otros estados islámicos. Varios embajadores Yuan enviados al Iljanato en Persia, gobernado por la casa mongola de Hulagu, a la Horda de Oro en el sur de las actuales Ucrania, Kazajistán y Rusia, así como a otros estados islámicos, eran musulmanes. Esta función diplomática reforzaba los vínculos entre la China Yuan y el mundo islámico, facilitando el comercio y el intercambio cultural.

En la esfera militar, los musulmanes sirvieron en el ejército Yuan en virtud de sus variadas capacidades. Los mongoles los reclutaron para servir en sus ejércitos, como soldados pero también como oficiales, en tanto que eran particularmente valorados por su conocimiento de las armas de asedio y de la ingeniería militar. Durante la conquista de la dinastía Song del Sur por los mongoles, los musulmanes jugaron un papel destacable en el empleo de armas de asedio, como las catapultas de contrapeso, que constituían una avanzada tecnología para la época.

Después de la conquista, los musulmanes fueron estacionados en guarniciones a lo largo del espacio territorial chino, siendo muchos de ellos establecidos de forma permanente en estas ubicaciones. Estas guarniciones militares musulmanas se convirtieron, con el tiempo, en núcleos de comunidades musulmanas en regiones donde previamente no había una presencia musulmana significativa. Su distribución por todo el país a través del servicio militar se convirtió, así, en un factor decisivo en la expansión geográfica del islam en China bajo los dinastas Yuan.

Los musulmanes desempeñaron en el campo de la economía funciones cruciales, en virtud de que los mongoles les valoraban por su amplio conocimiento del comercio internacional y de las finanzas. De este modo, fueron reclutados para administrar las finanzas del imperio, gestionar el comercio estatal y supervisar la acuñación de moneda. Varios de ellos ocuparon eminentes posiciones en el Ministerio de Finanzas y en otras oficinas económicas de relevancia. Su experticia en estas áreas fue crucial para la estabilidad económica del imperio.

El comercio privado asimismo fue dominado de modo relevante por musulmanes bajo el poder dinástico. Los mercaderes aprovecharon las redes comerciales que conectaban China con el resto del imperio mongol, que se extendía hasta Europa. Realizaban un comercio de larga distancia, transportando bienes entre China, Asia Central, Persia y otras regiones todavía más alejadas. El comercio de la seda, la porcelana, especias y otros productos de lujo fue particularmente rentable, de tal modo que los mercaderes musulmanes acumularon abundantes riquezas a través de este comercio.

Por si fuera poco, también destacaron notablemente en cuanto a sus capacidades técnicas especializadas. Eran valorados por sus conocimientos de la astronomía, las matemáticas, la medicina y la ingeniería. La corte Yuan estableció, incluso, un Instituto de Astronomía Islámica (Huíhuí Sītiāntái, 回回司天台), dirigido por astrónomos musulmanes. Estos astrónomos crearon calendarios y tablas astronómicas que serían utilizadas por los miembros de la corte. Además, la medicina islámica también fue muy valorada, hasta el punto que había hospitales en las ciudades principales que utilizaban la medicina islámica de un modo generalizado.

La influencia económica musulmana se extendió también a la agricultura. Algunos musulmanes fueron establecidos en regiones agrícolas donde introdujeron cultivos y técnicas de agricultura propias del mundo islámico. Cultivos como el algodón, que había sido previamente introducido pero que se expandió significativamente bajo la dinastía Yuan, fueron promovidos por ellos. Asimismo, la introducción de nuevas técnicas de riego y de gestión agrícola también fue influenciada por el conocimiento islámico.

El periodo Yuan es a menudo denominado por los historiadores como la edad de oro del islam en China debido a la preeminencia sin precedentes de los musulmanes en la política, la economía y en la cultura. Sin embargo, esta edad dorada fue, del mismo modo, un período de transformación, porque la masa de musulmanes que llegaron a China bajo la dinastía Yuan se adaptaron gradualmente al contexto chino, un proceso que luego se intensificaría bajo la dinastía Ming (Míngcháo, 明朝).

La caída de la dinastía en 1368 marcó el fin de esta época de preeminencia musulmana. La casa dinástica Ming, fundada por los chinos de la etnia Han, tendría una actitud diferente hacia ellos, lo que supondría que las políticas favorables hacia los musulmanes acabarían siendo revocadas. No obstante, la población musulmana que había sido establecida bajo la dinastía Yuan permaneció en el territorio chino, siendo su legado fundamental para el desarrollo del islam en la China de los tiempos posteriores.

Para saber más

Bái Shòuyí, Zhōngguó Yīsīlán Shǐ Cúngǎo, 中国伊斯兰史存稿 (Manuscritos acerca de la historia del islam en China), Yinchuan, Editorial Popular de Ningxia, 1983; Dillon, Michael, China’s Muslim Hui community: migration, settlement and sects, Richmond, Curzon Press, 1999; Gek Nai Cheng & Bakar, Osman (ed.) Islam and Confucianism: a civilizational dialogue, Kuala Lumpur, University of Malaya Press, 1997; Graham, Martin, Islam in China, Londres: I.B. Tauris, 2014; Leslie, Donald Daniel (1987), “Living with the Chinese: The Muslim Experience in China, T’ang to Ming”, en Le Blanc, Charles & Blader, Susan (ed.), Chinese Ideas about Nature and Society: Studies in Honour of Derk Bodde, Hong Kong, Hong Kong University Press, pp. 175-193; Lǐ Xīnghé, Zhōngguó Yīsīlánjiào Shǐ, 中国伊斯兰教史 (Historia del islam en China), Beijing, Editorial de Ciencias Sociales de China, 1998; Quntao, Zhang, Introducción a la historia del Islam en China, Salamanca: Gredos (USAL), 2024; Thum, Rian, Islamic China: An Asian History, Cambridge, MA, Harvard University Press, 2023.

Fuente: Julio López Saco (AVECH).